Una reserva de valor es cualquier objeto que retiene el poder adquisitivo a futuro y puede ser fácilmente intercambiado por otra cosa. En otras palabras: una reserva de valor debería valer lo mismo o más con el tiempo.
Para que un objeto sea, por tanto, reserva de valor, debe cumplir varios requisitos. El primero es la durabilidad. Un objeto que dura poco, por ejemplo los alimentos, no puede ser reserva de valor pues se consume con el tiempo.
Otro requisito a cumplir es la utilidad. Este objeto debe producir un rendimiento económico que haga que su valor se incremente con el tiempo.
El objeto más típico que se comporta como reserva de valor es el oro y otros metales preciosos. Su durabilidad es infinita, ya que no se destruyen y su intercambiabilidad es extremadamente alta. Su utilidad no es tan obvia, pero también tiene un uso industrial y decorativo, y en algunos casos como moneda. De hecho, se suelen revalorizar con el tiempo.
Otro ejemplo de reserva de valor es la moneda fiduciaria. Esta suele perder valor por la inflación, a no ser que tome forma de depósito remunerado. Su cantidad puede ser ilimitada, en función de la creación de la misma por parte de los bancos centrales, pero se da el hecho de que una mayor cantidad de la misma hace que su valor disminuya debido a la inflación.
Se puede considerar como reserva de valor también la deuda, y concretamente los bonos del estado. Estos bonos son unos derechos de cobro garantizados por el estado con una durabilidad que suele ser alta, que ofrecen un rendimiento a través del interés (normalmente por encima de la inflación) y que por tanto se revalorizan con el tiempo. Existen incluso bonos perpetuos que no tienen una duración determinada.
También es una reserva de valor los bienes inmuebles, ya que tienen una duración que suele superar en muchos casos la vida del propietario y produce un rendimiento a través del alquiler. Se suele revalorizar con el tiempo.
La propiedad de los medios de producción, en forma de acciones, también es una reserva de valor. Las acciones de una empresa, salvo en caso de quiebra, puede durar mucho tiempo, y su rendimiento es obvio, a través de los beneficios o dividendos.
Últimamente cabe destacar la irrupción del bitcoin como reserva de valor. La capitalización de las criptomonedas es enorme y su intercambiabilidad también lo es, pero su utilidad se encuentra determinada en si llegará a ser una moneda en vigor o no.
Existen otras reservas de valor, pero, las descritas hasta aquí son las más importantes. Esto quiere decir, que si se quiere invertir en bienes que tengan tendencia a revalorizarse, las opciones son limitadas.
Existe pues una oferta y una demanda de reservas de valor. Las economías más ricas tendrán un porcentaje más alto de reservas de valor con respecto a la producción económica, ya que una vez cubiertas las necesidades básicas de la población la tendencia será a invertir en reservas de valor.
Como cualquier mercado donde hay oferta y demanda, al subir la demanda y haber una oferta limitada, el precio subirá. Esto puede explicar el buen comportamiento de las bolsas en el largo plazo, rindiendo cada vez más por múltiplo de beneficio, la subida del precio del sector inmobiliario, el aumento del endeudamiento de las economías y el incremento del precio del oro y de otros metales preciosos.
Existiría cada vez una mayor demanda de reservas de valor, al aumentar la riqueza generada cada año por las economías, ya que esta se acumula, y la oferta de productos duraderos que se revalorizan (reserva de valor) sería cada vez menor proporcionalmente.
En principio esto no sería un problema, ya que los mercados se autorregulan. Pero si nos podría hacer pensar que la riqueza duradera, las reservas de valor, son finitas y al haber cada vez mayor demanda de las mismas, cada vez tendrán más valor relativo.

