Desde que Deng Xiaoping inició las reformas económicas en 1978, China ha experimentado un crecimiento económico extraordinario, transformándose de una economía agraria cerrada en una de las potencias económicas más grandes del mundo.
China ha mantenido un crecimiento del 9-10% anual durante varias décadas, pasando el PIB per cápita de unos 200 dólares en 1978 a los 12.000 dólares estimados en 2023. En la actualidad, China es un líder en sectores de alta tecnología, como la inteligencia artificial, 5G, energía renovable y vehículos eléctricos.
El crecimiento de China tiene un componente positivo para el resto de países del mundo. Su gran mercado puede ser aprovechado por sus empresas para vender sus productos y los consumidores a nivel mundial pueden comprar los productos fabricados en China.
Sin embargo, la relación de productos comprados y vendidos por China nos es equivalente. China es el país con mayor superávit comercial del mundo en 2023 con 594.000 millones de dólares, seguido por Alemania con un superávit de 245.300 millones de dólares.
Esto significa que los productos chinos son los más competitivos, lo que hace que muchas industrias del resto de países no puedan competir con ellos. China tiene derecho a vender sus productos, pero ¿por qué es tan competitiva?
El salario mínimo de China no es uniforme a nivel nacional, pero el de Shanghai, el más alto, es de 375 dólares mensual. En Estados Unidos, el salario mínimo de California es de 16 dólares por hora, con unas 160 horas trabajadas al mes, el salario mínimo mensual es de 2.560 dólares. Como puede verse hay una gran diferencia, aún teniendo en cuenta que el salario mínimo es sólo un porcentaje de los salarios totales.
Este factor, entre otras cosas, hace que la economía norteamericana dedique un 68% del PIB al consumo y un 12% del PIB a las exportaciones de bienes y servicios, mientras que en China, el consumo privado representa aproximadamente un 40% del PIB y las exportaciones de bienes y servicios representan alrededor del 20% del PIB.
Es decir, la economía China está dirigida a las exportaciones, con una mano de obra muy barata que hace que sus productos y servicios sean muy competitivos. La lógica dice que según China progresa, sus salarios, y por tanto, su porcentaje en consumo, debería aumentar, para que llegase a una situación de equilibrio con el resto de países del mundo.
Pero la manera en la que los salarios se fijan en China probablemente no sea la más abierta ni competitiva para los trabajadores. El salario mínimo está regulado por el gobierno. Aunque existen sindicatos, la mayoría están controlados por el gobierno. En algunas empresas, especialmente multinacionales, hay procesos de negociación colectiva para fijar salarios y beneficios, sin embargo, el poder de negociación de los trabajadores es más limitado en comparación con países occidentales. Aunque es cierto que, en sectores competitivos y ciudades desarrolladas, los salarios están influenciados por la oferta y la demanda de mano de obra.
Por lo tanto, desgraciadamente aún se puede utilizar la expresión de “un trabajo de chinos” para reflejar la situación de los trabajadores de China.
China ya está promoviendo un modelo económico más orientado al consumo interno, que sin duda debe ser gradual. Pero muchos países del resto del mundo se ven obligados a implementar aranceles, como la unión europea con el coche eléctrico, que no es beneficiosa en general para el comercio internacional.
Sin duda, si un país es más competitivo, tiene derecho a vender sus productos y servicios en el mercado internacional, pero hacerlo a través de un coste de mano de obra demasiado bajo no es correcto para un equilibrio entre las distintas economías. Y sobre todo, para los trabajadores chinos.

