Gracias a la aplicación de las nuevas tecnologías al sector financiero (FINTECH) los servicios que ofrecen los bancos comerciales han avanzado en gran medida, de tal manera que muchas de las operaciones se realizan on-line, significando un gran avance en el servicio al usuario.
Sin embargo, no debemos olvidar el origen de los bancos para entender que ciertas cosas no deben cambiar en esta industria.
Los bancos se llaman bancos porque en su origen las personas que tenían licencias para prestar dinero se situaban en una plaza pública, en un banco, donde anotaban todas las transacciones que realizaban.
Debían aportar un dinero, o capital, para respaldar los depósitos que aceptaban y prestaban, de tal manera que tenían un fondo para cubrir los préstamos fallidos. Hasta tal punto era esto importante, que si un banquero no podía hacer frente a los depósitos que había aceptado podía llegar a sufrir la pena de muerte.
Hoy en día esta medida es claramente exagerada, pero lo importante es la filosofía detrás de ella: debe haber un responsable de los depósitos que se hagan en un banco en caso de default.
Es por ello que los bancos centrales obligan a los bancos comerciales a tener unas ratios de capital que cubran esas situaciones de insolvencia. En España, por ejemplo, el Banco Popular desapareció, pero el Banco de Santander se hizo cargo de su negocio por un euro, aceptando sus deudas y respaldando el dinero de sus depositantes.
El bitcoin se basa en el anonimato. Si alguien compra bitcoins y su valor se convierte en cero, no podría reclamar ni a Satoshi Nakamoto, pues no se sabe ni quién es.
Por mucho que Donald Trump lo diga, el riesgo de comprar bitcoins es muy elevado, es totalmente especulativo. Se puede ganar dinero en el corto plazo, pero como depósito de valor es un salto al vacío.
Lo mismo se puede decir de bancos que tengan su sede social en países que no tengan las regulaciones habituales o en paraísos fiscales. ¿A quien se puede reclamar en caso de default?
Por supuesto que hay inversores con el corazón a prueba de sustos y que aceptan el riesgo que conlleva no pagar impuestos o no cumplir con las normas, a cambio de un mayor rendimiento, cosa que es posible con las nuevas tecnologías.
Sin embargo, hemos de mirar atrás a la historia y comprender que la esencia del sector financiero es la responsabilidad y el servicio al cliente.

