El enfrentamiento dialéctico entre Keynes y Hayek, a principios de siglo XX, probablemente sentó las bases de las posturas económicas que aún hoy en día separan a aquellos que mantienen posturas intervencionistas de izquierdas y posturas liberales de derechas.
El debate entre cuál de las dos opciones es mejor se ve influido por el hecho de que no sólo se está hablando de cuál es la opción más eficaz, si no cuál es la opción más justa o igualitaria.
Todos los que defienden la opción más intervencionista del estado, en el fondo lo hacen porque consideran que es más justa, ya que conllevará un mejor reparto de la riqueza.
Aquellos economistas más liberales están convencidos que es más eficaz y que, por lo tanto, al crear más riqueza en general, también será mejor para la lucha contra la pobreza.
Ambas corrientes, por tanto, hablan en idiomas diferentes, uno más puramente económico y otro más moral. Es por ello que es difícil que se entiendan.
En la práctica ambas corrientes conviven, muy a pesar de sus defensores, y los regímenes económicos se convierten en una mezcla de intervencionismo y liberalismo en función de la trayectoria histórica y de las fuerzas que cada uno de los seguidores de cada corriente tengan en cada momento en cada país.
Desde el punto de vista moral, una sociedad no debe dejar atrás a aquellos menos afortunados por razones económicas. Es el concepto de la solidaridad. Pero claro, el problema surge cuando esa solidaridad es impuesta, obligatoria. Aunque ¿funcionaría esa solidaridad si no fuera impuesta?
También desde el punto de vista moral, ¿es justo que una persona no pueda disfrutar de su riqueza conseguida con un mayor esfuerzo o talento? ¿Por qué ha de compartirla con los demás si éste no es su deseo?
Desde el punto de vista de eficiencia, se intuye que las posturas liberales lo son más, sobre todo porque el libre mercado hace que se acerquen más los precios de los bienes a la realidad. Pero también ha habido éxitos del intervencionismo del estado, como lo es el hecho de que internet fuera un proyecto promovido por el gobierno norteamericano.
El juego de bandos, de izquierda y de derechas económico, tiene mucho tirón porque es muy fácil identificarse con uno de los dos. En principio, dime cuánto ganas y te diré a qué bando perteneces.
En principio, el enfrentamiento entre ambos bandos no tiene por qué ser negativo. Ese esfuerzo intelectual por defender las posiciones propias puede hacer mejorar las políticas y hacerlas más eficaces y más justas.
Lo ideal, sin embargo, sería un equilibrio que permitiese superar este enfrentamiento, y plantear otras cuestiones que pudieran ser de interés para todos los ciudadanos.


Excelente artículo desde un siempre punto de vista imparcial, en este, un tema que impacta de gran manera a nuestro mundo, con el choque entre estas dos corrientes que hacen tanto bien como mal al mismo tiempo. Paradójicamente, ninguna puede sobrevivir sin la otra, asi como no hay dia sin noche. Gracias por sus siempre acertados aportes.
Gracias por el comentario. Así es la convivencia de ambas perspectivas es lo ideal.